Un mosaico para reflectar el paisaje de las emociones y la naturaleza
Entre las acciones que resultaron del taller de experimentación artística del Anticéntrico surgió la idea de crear un mural en las dos sedes donde se activó el proyecto. Este es el relato de la experiencia en Sumpango.
A inicios de octubre del 2022, la aventura del Anticéntrico nos convocó nuevamente a Sumpango, Sacatepéquez, donde junto a los integrantes del taller de experimentación habíamos acordado crear un mural en el casco urbano del municipio.
La pieza –concebida desde una idea colectiva a partir de las opiniones de todos los integrantes del grupo– buscaba reflejar el paisaje natural de Sumpango en una de las paredes que se encuentran justo al lado de la entrada principal del parque y frente a la iglesia del municipio.
La idea de crear un mural no era ajena para los sumpangueros, considerando que en las cuadras del casco urbano es normal ver muros intervenidos con escenas pintadas. El muralismo de Sumpango ha remitido a valores propios de las dinámicas identitarias y culturales la comunidad.
A diferencia de esas temáticas, el mural que trabajaríamos desde nuestro grupo planteaba una mirada hacia tópicos como la biodiversidad, la naturaleza, y la protección medioambiental.
Aunque parecía una misión fácil de realizar, lo cierto es que gran parte de los integrantes del taller nunca había participado en la elaboración de un mural colectivo. Su experiencia se referenciaba únicamente a la contemplación de las paredes pintadas en un tránsito cotidiano.
Tomando en cuenta estas premisas, llegamos el primer sábado de octubre a Sumpango con la idea que aquella sería la primera vez que muchos elaborarían una obra desde y para su comunidad.
Llegamos a las 10:00 a.m. para reunirnos con nuestros cómplices sumpangueros sin saber cuánto demoraría la misión.
Al llegar al centro de Sumpango nos encontramos con Gustavo Pirir, Paola Juracán y su hijo Jefferson y Michelle Larias. A pesar de la emoción, cabe recordar cómo muchas veces, las cosas no son como las planeamos.
Por una situación inesperada, no pudimos utilizar el centro cultural donde nos organizaríamos para iniciar el mural. Esto sumado al riesgo que teníamos de no poder intervenir la pared, ya que estaba siendo utilizada en un puesto de ventas.
Aunque parecía una misión fácil de realizar, lo cierto es que gran parte de los integrantes del taller nunca había participado en la elaboración de un mural colectivo
Aunque parecía una misión fácil de realizar, lo cierto es que gran parte de los integrantes del taller nunca había participado en la elaboración de un mural colectivo
Esto nos hizo imaginar por un rato que la intervención no sucedería tan pronto como deseábamos. Sin embargo, con la aparición de nuestro amigo Gabriel Gallina, director de la Escuela de Arte Municipal en Sumpango, quien nos ayudó a gestionar un nuevo espacio de trabajo, logramos resolver ágilmente la misión. Nos dirigimos hacia el polideportivo del casco urbano donde se expande una gran cancha de básquetbol. Con botes de pintura, resmas de papel, bolsas, brochas y, sobre todo, curiosidad, estábamos más que listos para iniciar.
Nuestro mural, a diferencia de los otros que suelen verse en Sumpango, destacaría por ser empapelado. Esto quiere decir que la imagen no sería pintada directamente a la pared, sino que estaría pegada. Para lograrlo, nos valdríamos de un mosaico compuesto por varias hojas de papel que serían pintadas entre todos los participantes del taller.
Sobre la cancha extendemos los cuadros que forman la imagen del mural y que fue elegida a partir de las temáticas que los mismos integrantes del grupo eligieron.
Los bloques de papel mostraban así una escena tan particular como llena de imaginación: hacia arriba del cuadro se levantan los cerros de Sumpango, abajo se extienden varias especies de plantas, y en el centro se expande un personaje principal que es visto como criatura mitad colibrí mitad tacuazín y que vuela encima de un cintillo que reza: “Ama a Sumpango Recicla, Cuida y Conserva”.
Ante la ternura de ver esta escena nos preguntarnos nuevamente ¿Cómo nació la idea? Entre risas de complicidad, Paola Juracán recuerda que la elección de la figura remite a que el tacuazín y el colibrí son animales comunes en Sumpango.
Por otro lado, la naturaleza del cuadro insiste en la riqueza vegetal del municipio, la cual busca ser protegida, así como la fauna, mediante la reflexión del texto en el cintillo.
Sobre la cancha extendemos los cuadros que forman la imagen del mural y que fue elegida a partir de las temáticas que los mismos integrantes del grupo eligieron.
Los bloques de papel mostraban así una escena tan particular como llena de imaginación: hacia arriba del cuadro se levantan los cerros de Sumpango, abajo se extienden varias especies de plantas, y en el centro se expande un personaje principal que es visto como criatura mitad colibrí mitad tacuazín y que vuela encima de un cintillo que reza: “Ama a Sumpango Recicla, Cuida y Conserva”.
Ante la ternura de ver esta escena nos preguntarnos nuevamente ¿Cómo nació la idea? Entre risas de complicidad, Paola Juracán recuerda que la elección de la figura remite a que el tacuazín y el colibrí son animales comunes en Sumpango.
Por otro lado, la naturaleza del cuadro insiste en la riqueza vegetal del municipio, la cual busca ser protegida, así como la fauna, mediante la reflexión del texto en el cintillo.
Mientras Paola termina de explicar esto, Michelle Larias comienza a mezclar varias tonalidades de pintura en uno de los extremos de la cancha. Sin duda, hemos hecho de este polideportivo un laboratorio artístico de experimentación.
Luego de haber sido establecidas las guías para los colores que deben pintarse, empezamos a distribuirnos alrededor del lienzo. Algunos comienzan por las esquinas, y otros se animan a tomar hojas individuales del centro para colorearlas.
Cerca del cielo del cuadro se encuentra Gustavo. Su guía para pintar no es precisamente la mirada que los demás fijan sobre los puntos de colores en las hojas. En su caso, es el tacto con varias líneas de silicón que mediante su relieve le permitían identificar los puntos donde deslizar el pincel.
Mientras pinta varios de los pliegos con celeste, Gustavo cuenta que nunca se había sentido parte de una acción colectiva como esta. Nos comparte que el hecho de ser no vidente le ha supuesto antes un aislamiento como el que vivió en su escuela cuando las autoridades no sabían cómo llevar a cabo la dinámica con él. Nos asegura que esta acción, la de pintar e imaginar en grupo, le hace concebir una nueva idea de lo que implica sentirse acompañado.
Mientras el cuadro empieza a adquirir más color, Gabriel se dirige hasta el parque para preparar la pared donde será pegado el cuadro. Mientras impermeabiliza la superficie, nos habla sobre algunos de los murales en Sumpango; varios de los que incluso él ha pintado junto al colectivo +Arte. Mientras desliza varias veces la brocha sobre el muro, cuenta sobre la experiencia que le ha implicado pintar, especialmente refiriéndose a la suerte de involucrarse con el arte; algo que en su familia es común.
Gabriel también dice que muchos de los murales en Sumpango suelen hablar de las tradiciones en el pueblo, pero no recuerda tantos que aborden la ecología o el reciclaje como invita el que estamos preparando hoy.
También nos cuenta que pocos de los murales han sido pintados junto a niños, y recuerda que uno de esos se encuentra precisamente justo a la par del espacio donde empapelaremos nuestra creación.
Mientras tanto, en el polideportivo, llegan nuevas y nuevos cómplices. Una de ellas, es Rosario Imuchac quien se aproxima con su hija y su hijo.
Rosario nunca había escuchado del Anticéntrico ni de sus actividades, pero este día, luego de realizar varios mandados con sus hijos, se ha percatado de nuestra actividad. Guiada por la curiosidad y la de sus hijos, se aproxima y sin dudarlo tanto se suma a nuestro espacio de arte.
Rosario tampoco conocía a Paola Juracán. Mientras ambas pintan comienzan a entablar un diálogo. Hablan sobre sus hijos, los nombres que tienen; a qué se dedican ellas y también, cómo son sus días. En la conversación Rosario cuenta sobre el trabajo que realiza en la parcela de su hogar. Dice que últimamente ha habido retos en el cuidado de la tierra, y también comparte que el abono ha subido de precio últimamente.
Mientras Rosario escucha, su hijo Jefferson mira atentamente los colores de forma silenciosa. De pronto empieza a hablar y sin preguntar tanto, nos cuenta que le gusta el rojo, que es su color favorito, dice. Luego de fijarse en el cuadro nos cuenta que, también, el león es el animal que más le gusta. Es el rey de la selva nos recuerda.
A este punto la figura del tacuazín-colibrí va tomando más color. Luego de un descanso en el que comemos y charlamos, varios de los retazos se van secando y esperan a ser pegados en el muro.
Ya han pasado varias horas y son cerca de las 3:00 p.m. El cuadro empieza a tomar forma. En paralelo varios integrantes comienzan a preparar el engrudo con goma y agua que servirá para pegar los lienzos sobre la pared.
Esperamos a que los lienzos se sequen y salimos hacia la banqueta del parque donde la segunda parte de este acto ocurrirá. Allí, agrupados comenzamos a ordenar y prever el campo de acción. Será Gustavo el encargado de colocar las primeras bases del engrudo y junto a él, Michelle se encargará de pegar los lienzos.
Todo transcurre de forma genuina, amena y un tanto desbordada en cuanto a la pintura y el pegamento que ha teñido nuestras prendas. Pero eso es lo de menos. Ahora, tenemos un rompecabezas por armar.
Todos se involucran en el acto. Paola y sus hijos sostienen los lienzos mientras Gustavo prepara el muro con engrudo. A su lado, se encuentra Michelle quien, de forma precisa, paciente y entusiasta coloca los pedazos de papel sobre el muro hasta formar el mosaico.
En medida que se va formando la imagen, varios vecinos se acercan curiosos para ver el enorme mosaico que se abre en la calle principal de Sumpango.
Quizá lo más importante de fijar este cuadro en el espacio público sea precisamente lo que moviliza: ya sea los cuerpos que se acercan, las dudas que se generan, las preguntas enunciadas, las risas que estallan y la imaginación que viene a ser sacudida.
Luego de turnar con Gustavo y con Michelle, nuestra imagen tiene cada vez más forma. Como si se tratase de una ventana a otro mundo, el mosaico nos remite la importancia sobre hablar del medio ambiente y la biodiversidad, pero para quienes integramos esta misión, el acto puede remitirnos más allá de solo el color o la forma.
En medida que se va formando la imagen, varios vecinos se acercan curiosos para ver el enorme mosaico que se abre en la calle principal de Sumpango.
Quizá lo más importante de fijar este cuadro en el espacio público sea precisamente lo que moviliza: ya sea los cuerpos que se acercan, las dudas que se generan, las preguntas enunciadas, las risas que estallan y la imaginación que viene a ser sacudida.
Luego de turnar con Gustavo y con Michelle, nuestra imagen tiene cada vez más forma. Como si se tratase de una ventana a otro mundo, el mosaico nos remite la importancia sobre hablar del medio ambiente y la biodiversidad, pero para quienes integramos esta misión, el acto puede remitirnos más allá de solo el color o la forma. Detrás de ese lienzo hay historias, encuentros, victorias, recuerdos y entendimiento.
Detrás de ese lienzo hay historias, encuentros, victorias, recuerdos y entendimiento.
Ahora son más de las 05:00 p.m. y no pensamos en agotamiento, solo la emoción que nos ha provocado ver nuestra imaginación hecha realidad. Reflexionamos sobre todo, de las posibilidades que nos puede dar el encuentro, el diálogo y eso que muchos llaman “arte”.
Ahora son más de las 05:00 p.m. y no pensamos en agotamiento, solo la emoción que nos ha provocado ver nuestra imaginación hecha realidad. Reflexionamos sobre todo, de las posibilidades que nos puede dar el encuentro, el diálogo y eso que muchos llaman “arte”.