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Escenas de un Cine Accidental en Sumpango

La lluvia no da tregua ni porque la convicción de un pueblo convoque a sus vecinos al espacio público, ya sea para ver allí una película o para asistir a una gran procesión.

Esto lo supimos la tarde del 17 de septiembre del 2022 cuando llegamos a Sumpango con la idea de proyectar en el municipio Agua, La Sangre de la Madre Tierra, un documental sobre luchas y utopías colectivas que tan solo unas semanas antes habíamos presentado en la comunidad del Relleno Sanitario en la ciudad de Guatemala. (Si quieren saber cómo estuvo, pasen a leer aquí).

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Al llegar a Sumpango el clima se siente tranquilo, pero húmedo. Experimentamos un alivio tanto por haber llegado, como por estar lejos de la ciudad y sus filas inmensas de carros; sus bocinas tronando, los problemas cotidianos y el paisaje lleno de humo y colores de asfalto y cemento.

Estando acá, nos acercamos al centro y buscamos una calle para parquear y lograr bajar con más facilidad las bocinas, la mesa, los cables y la consola que nos permitirán una proyección más potente, ya que estaremos al aire libre.

Las luces del parque empiezan a encenderse y el azul grisáceo de las nubes tiñe todo de nostalgia. Hay frío y pocas personas en el parque. A unos 20 metros, arriba sobre una pendiente, está iluminada la iglesia católica desde donde se escuchan cantos y lecturas.

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Mientras hacemos varios viajes del carro al parque, escuchamos también las bombas y las campanas que vienen de la iglesia. En el parque, conectamos los primeros cables y desplegamos una mesa para colocar los implementos para la proyección. Vemos cómo decenas de personas han salido de la iglesia en filas, y las percibimos diminutas desde acá, en la pérgola del escenario que se construyó hace tres años en uno de los extremos del parque.

Mientras desenrollamos cables y estiramos una manta, así como jalamos sillas y las acomodamos, se empiezan a escuchar ecos en el cielo. Unos cuantos retumbos nos amenazan y esta vez, nos hacen pensar en las probabilidades de la asistencia a la proyección.

Aunque sabemos que no depende mucho de nosotros, decidimos continuar entusiasmados con la instalación de nuestro auditorio al aire libre. Dos perros han llegado a saludar y merodean mientras colgamos la manta, alistamos bocinas y hacemos pruebas con la cañonera.

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En medida que vamos alistando todo, llegan Paola Juracán Solís y sus dos hijos al escenario donde veremos Agua, La Sangre de la Madre Tierra. Los tres vienen de su casa, a unas cuantas cuadras del parque y de la Casa de la cultura, donde asisten a los talleres de experimentación artística del Anticéntrico desde hace meses. Sabiendo que Paola y sus hijos son ahora conocidos, podríamos decir que también son nuestros cómplices en esta proyección de cine.

El sonido parece estar listo y hacemos pruebas con el micrófono. Paola, con mucha emoción lo toma prestado y comienza a llamar a quienes se encuentran en el parque y sus orillas. “Vengan vecinos. Cine gratis a las 7 de la noche. Hay espacio para todos”, repite Paola.

Nuestro amigo Gabriel Gallina también se encuentra en la pérgola. Luego de habernos ayudado a traer unas sillas desde el polideportivo, espera sentado en una de las butacas para que sean las 07:00 p.m. Luego de varios minutos, el resto de las asistentes buscamos un espacio, nos cubrimos del frío y esperamos a que empiece el documental.

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Luego de darle play, se escuchan las primeras voces de Bernardo Caal, quien junto al Río Cahabón y los pobladores de esa área en Alta Verapaz se convierten en los principales personajes de Agua, La Sangre de la Madre Tierra.

Paola, sus hijos, Gabriel y los demás visitantes al auditorio al aire libre vemos cómo avanza la historia de lucha en el documental, y logramos esquivar un tanto la brisa de la lluvia que para este punto ha empezado a intensificarse. Aunque nos encontramos en una isla en medio del agua que cae, no nos vemos impedidos para prestar atención a la proyección.

Cuando finaliza el documental, luego de las declaraciones poderosas que le conforman y después de haber conocido nuevos territorios de Guatemala gracias al poder de las imágenes, queda un silencio y se extiende el sonido del viento. La contundencia de la película nos deja nuevamente asombrados, pero más cercanos a otras realidades.

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Paola asegura que aquello que vimos en la pantalla es totalmente injusto. “Ni, aunque tuviéramos todo el dinero del mundo podríamos comprar todo ese territorio lleno de agua (en referencia al Cahabón). ¿Cómo es eso que las empresas grandes vienen a destruir todo eso que es nuestro y nos lo quitan?”, reflexiona la vecina de Sumpango.

Uno de los propósitos con este documental ha sido el poder proyectarlo en espacios donde el término ‘comunidad’ sea un elemento vital de los hechos cotidianos que yacen ahí.

El Cine Accidental y El Anticéntrico buscan generar puentes entre las formas de ver y percibir de los distintos miembros en una comunidad.  

Es por eso por lo que después de ver la historia de lucha en Cahabón, así como de Bernardo Caal nos preguntamos: ¿Ha ocurrido algo similar a la intervención de empresas grandes en Sumpango?

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Según han contado vecinos del municipio, desde 2011 Tresca ha querido construir allí once torres de energía. Cuentan que, desde ese entonces, la empresa ha intentado convencer a los pobladores para ejecutar su plan. Esto llevó a que, en 2014, la empresa lograra el permiso de construcción de una torre. Años después levantaron otras cuatro, pero esa vez sin permiso, de acuerdo con lo que mencionaron algunos vecinos.

Esto ha resultado en una división de opiniones. Hace un par de meses, en el casco urbano se sometió una consulta popular para saber si los vecinos estaban de acuerdo con la construcción de las torres. De un total de casi mil personas que votaron, 800 estuvieron en contra y 200 a favor.

Según cuentan algunos residentes, los 200 votantes que estaban de acuerdo fueron personas de las aldeas quienes recibirían un beneficio económico por parte de la empresa.

El Cine Accidental y El Anticéntrico buscan generar puentes entre las formas de ver y percibir de los distintos miembros en una comunidad.

¿Y a propósito de estas situaciones encuentran algún reflejo de lo ocurrido en Agua, La Sangre de la Madre Tierra? Preguntamos a nuestros amigos en la proyección. “Quizá desde otro punto de vista, pero lo entendemos”, responde Gabriel Gallina.

Por otro lado, Paola reflexiona con una mirada hacia el pasado desde la vivencia de los pueblos originarios, y también habla de la defensa del territorio:

“Creo que se refleja en nosotros porque desde la época de la colonización hemos tenido esa resistencia. Ahora consideramos que como pueblo estamos unido contra todo aquello que quiera hacer daño a nuestra madre tierra. Si nos destruyen bosques, nos destruyen ríos, y sin eso no podríamos sobrevivir. Todo está unido”, dice.

Para este punto, Paola, sus hijos, y Gabriel han viajado hasta Alta Verapaz para reconocer la historia de muchos otros que, así como ellos, buscan un bienestar para su comunidad desde la protección de los recursos. “Acá nos estamos preparando en el cuidado del medio ambiente, sobre todo para las generaciones que vienen. Estamos tratando de hacer planes de reciclaje”, nos cuenta Paola.

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A este punto, la lluvia ha bajado un poco en Sumpango. Esto nos ha dado la oportunidad de tener una charla más fluida sin que interrumpa el sonido del agua. Por otro lado, a los feligreses de la iglesia les ha permitido continuar con una procesión que ahora bordea el parque.

En la pérgola, mientras sigue la plática con nuestros amigos de Sumpango, los hijos de Paola juegan, se desplazan y evitan resbalarse por el agua de la lluvia que ha caído en el escenario. Mientras que de fondo se escuchan los retumbos de la música en la procesión, Paola se muestra conmovida por Agua, La Sangre de la Madre Tierra.

“A través de documental podemos darnos cuenta de esas noticias que escuchamos, pero que, al ver, nos damos cuenta de la magnitud del problema. Es algo que nos permite entender qué es lo que no está pasando con la justicia”, reflexiona.

Ciudad de Guatemala, Centro América

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